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Antaño, el sacrificio ajustaba
la armonía con el cosmos,
gesto atroz del rebaño,
equilibrio por el bien de todos.
Hoy, la sociedad se ha vuelto
razón del martirio humano,
la oblación se vende en grageas,
dulce veneno del espíritu apenado.
Rescatemos lo sagrado,
que el ego astuto ha escondido,
la necesidad del cambio
reclama a cada individuo.
Uno, al asumirse ofrenda,
hace de su prenda un puente,
y fecunda al rebaño,
entregando su simiente.
Si el ritual es en el pecho,
y el ego está como ofrenda,
el sacrificio no es ajeno,
y da sentido a la entrega.
El mártir se une al cosmos,
la llaga interior lo ilumina,
emana de él lo sagrado,
su alma cura donde camina.
La comunidad florece plena,
con cada pecho esclarecido,
la justicia se hace una,
y el mundo entero es bendecido.
Uno, al asumirse ofrenda,
hace de su prenda un puente,
y fecunda a la tierra,
entregando su simiente.
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